Texto 26.9.2022

 


Muchas personas que me habéis acompañado de un modo u otro desde que me diagnosticaron de cáncer avanzado me habéis comunicado que habéis rezado por mí (todo un convento al parecer también: es un honor) o me habéis encomendado a alguna divinidad. También alguna persona me ha recomendado que yo misma rece.

Del mismo modo que hay personas religiosas convencidas, yo soy atea convencida. Yo agradezco vuestras oraciones y no voy a deciros que no recéis por mí porque sé que rezar ayuda mucho. Ayuda mucho a quien reza. Y a mí, además de, como digo, parecerme un honor que acepto con humildad porque al fin de al cabo no soy más que un escupitajo en el océano cósmico, me alegra saber que pensáis en mí. Quizás debí haber pensado yo también más en otras personas en algún momento, pero si os sirve de consuelo, creo que no me daba la vida para más en aquel entonces. Intento compensarlo últimamente.

Mi manera de rezar es recitar poemas estoicos, y solamente en momentos muy críticos (un ejemplo es el "If..." de Rudyard Kipling) y meditar. Y meditar para mí puede ser simplemente mirar el gotelé del techo y preguntarme (y responderme) por qué hay gente que le tiene manía al gotelé. También me ayuda a veces repetir frases de ánimo (por ejemplo: "Arrastrándonos avanzamos más que parados"). En el fondo, es lo mismo que recitar mantras o salmos: herramientas para ordenar nuestros sentimientos y pensamientos, aunque personalmente para eso yo prefiero ganchillar.

En los próximos días me someteré a una o varias operaciones (la primera será el miércoles 28 de septiembre, ingreso mañana martes). Este tipo de intervención implica muchos riesgos, pero de salir bien, me alargará la esperanza de vida y también su calidad. Desde que me diagnosticaron de cáncer, llevo 15 días de ingreso por sepsis cada mes: eso no es vida y encima supone una gran carga a la Seguridad Social, así que si podemos intentar mejorar las condiciones, intentémoslo.

En Pontevedra y también al llegar a Madrid se trató mi caso como inoperable y la solución que me proponían era someterme a quimioterapia "a ver a dónde llegaba". Hizo falta tener una segunda sepsis para que un equipo de cirugía se plantease la posibilidad de eliminar físicamente mediante operación el mayor número de lesiones posible para mejorar mi pronóstico y calidad de vida. Las operaciones son muy invasivas, pero mis lesiones también lo son (han crecido considerablemente desde julio y ha aparecido alguna nueva), así que creo que vale la pena intentar este procedimiento. Estoy poniendo todo lo que puedo por mi parte para llegar a las intervenciones en las mejores condiciones físicas y psíquicas y así ayudar a la causa.

Yo acepto y agradezco todo lo que hacéis por ayudarme. A pesar de la adversidad, siento en gran medida lo afortunada y privilegiada que soy. En cuanto a tratos con divinidades, si sobrevivo y recupero fuerzas, a modo de agradecimiento puedo repetir con quien quiera los rituales a los que me encomendasteis, porque me interesan mucho las manifestaciones etnográficas en general y, como comentaba, sé que ayuda mucho a aquella persona de quien partió la iniciativa y a mí me agradará compartirlo con ella. Las peregrinaciones a santuarios y romerías son mis favoritas.

Pero si me voy, me iré como Ann Druyan explica que su marido Carl Sagan se enfrentó a su muerte. Lo cuenta en el epílogo al libro póstumo de Sagan "Miles de millones":

"Desmintiendo las fantasías de los integristas, no hubo conversión en el lecho de muerte, ni en el último minuto se refugió en la visión consoladora de un cielo o de otra vida. Para Carl, sólo importaba lo cierto, no aquello que sólo sirviera para sentirnos mejor. Incluso en el momento en que puede perdonarse a cualquiera que se aparte de la realidad de la situación, Carl se mostró firme".

Así asumo yo los riesgos a los que me someteré próximamente: con esperanza en la ciencia y en la pericia y autoconfianza del equipo de médicos que se implicó en mi caso, pero sabiendo que me puedo quedar por el camino o con secuelas graves. Y asumo todo ello sin necesidad de refugiarme en ningún tipo de divinidad. Solamente en la sensación reconfortante de tener paz psicológica (o de espíritu, o como queráis llamarlo) y de estar acompañada (a pesar de mi legendaria fobia social 😆), y en mi deseo e ilusión por continuar muchos más años lo mejor que se pueda en el único mundo que conozco, a pesar de sus pesares, para ayudar a hacerlo lo más esperanzador y habitable posible.

Por cierto, en la operación tendrán que hacerme transfusiones. Yo nunca he podido donar sangre por mi tamaño físico (y ahora, por más razones 😅), por mucho que quisiera. Si vosotr@s sí podéis hacerlo y lo hacéis (entiendo que en general da cosica), muchas personas lo agradece(re)mos mucho. 🙏🏼😊

Gracias por todo, xentiña. Que paséis muy buen otoño. 🍂🌤️🌈

📷 En la foto: algunos de los posavasos-mandalas que he estado haciendo a ganchillo estos días.

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